divendres, 24 de setembre de 2010

SITGES. EL PAÍS.com. La Comunidad. 22 de Setembre de 2010



Quiero hablarles hoy de un tema que ha levantado bastante polémica en Sitges, pero no sé si ha trascendido suficiente fuera de aquí; la reforma de los museos Maricel de Mar, Can Rocamora y el Cau Ferrat que, como seguramente conocerán, están situados en una de las partes más bellas y emblemáticas de la ciudad, en la bellísima plaza llamada El racó (rincón) de la calma, en el promontorio sobre el mar que domina toda la ciudad, conocido también como "Cerro de la Punta", donde se encuentran, además de los edificios que contienen los museos mencionados, el Ayuntamiento, el antiguo Mercado y la Parroquia de Sant Bertomeu i Santa Tecla, ( por cierto, con un magnífico órgano barroco y en conmemoración de cuya santa se están celebrando en estos días las fiestas).
Santiago Rusiñol,(1.861-1.931) componente dels Quatre gats, autor entre otros muchos de la popularísima "El auca del senyor Esteve", y que participó, por tanto, muy activamente en la Reinaxença literaria de Catalunya, fue quien, en 1.891, compró, en dicha zona, dos casas de pescadores, una de ellas, la Casa Rocamora, perteneciente a su amigo Ramón Casas, datadas ambas en el siglo XVI, y donde, después de restaurarlas y acondicionarlas tal y como se podían ver hasta hace poco, depositó sus importantes colecciones de forja catalana antigua, vidrios arqueológicos y modernos, cerámica, pintura, escultura y demás objetos a los que era muy aficionado a coleccionar.
Cabría destacar también su fondo de pintura y escultura de autores como el mencionado Ramón Casas, Nonell, Clapés, Llimona, Anglada, Zuloaga, Camarassa, Picasso, etc. etc. y dos Grecos, comprados en París en 1.894 y que, como curiosidad, fueron llevados hasta el Cau Ferrat en procesión durante una de las llamadas "fiestas modernistas".
Sitges es una preciosa ciudad, bellísima, y con una larga tradición cultural y de tolerancia, con muy buena infraestructura turística; situada en la comarca del Garraf, en la costa de Barcelona, con algo menos de treinta mil habitantes censados, pero cuya población crece muchísimo en verano, aunque hay visitantes durante todo el año y cuyo carácter excede cualitativamente del tópico de las ciudades de veraneo, como se decía antes, o de vacaciones.
Ante todo quisiera dejarles mi positiva opinión sobre la gestión de dicho municipio, que visito con mucha frecuencia y que creo conocer bastante bien. Defiendo siempre que, en mi criterio, se están solucionando muy bien las inevitables carencias que hay en toda ciudad. Se ha peatonalizado todo el centro, suprimiendo los bordillos; se ha efectuado una reforma integral, con mucho gusto, de la preciosa playa de San Sebastián, donde se han eliminado totalmente la circulación de vehículos; es una ciudad limpia, incluyendo sus preciosas playas, muy cuidadas; es bastante tranquila, contrariamente a lo que pueda parecer y salvo en una zona muy delimitada, donde se concentran muchos bares y pub's (la calle del pecado); tiene una oferta gastronómica y comercios de moda de primer nivel; disfruta de una vida asociativa y cultural muy rica, con varias galerias de arte y tiene, en fin, mucha clase y como dicen los horteras, mucho "glamour".
Pero he aquí que el Consorci del Patrimoni de Sitges; donde están representados, además del Ayuntamiento, la Generalitat, la Diputación de Barcelona y Gobierno Central; presenta y aprueba un proyecto, valorado en diez millones de euros, para la restauración de los mencionados edificios (imprescindible después de muchos años de dejadez) y, lo que es objeto de la polémica y contestación ciudadana, la eliminación de las barreras arquitectónicas para adecuar su accesibilidad a través de unas rampas, en la fachada marítima, cubiertas mediante una enorme "pecera" acristalada que cubre y cambia radicalmente la visión del magnifico conjunto de edificios, visión que hasta ahora se podía disfrutar desde la mencionada plaza de la iglesia o desde la de la Fragata, al final del Passeig de la Ribera.
Es un problema estético el que provoca la contestación. No parece discutible la urgente necesidad de restaurar los edificios que por la falta de intervenciones de mantenimiento, agravado por su situación sobre el mismo mar, han ido sufriendo un grave deterioro. Como tampoco parece discutible la necesidad de eliminar todas las posible barreras que impidan el acceso y disfrute a todos los posible visitantes, independientemente de su capacidad de movilidad, pero . . . ¿No se ha podido encontrar otra solución que permita preservar los valores estéticos del conjunto?
Les he dicho antes que es un problema estético, por lo que les sugiero que no se fíen de mi gusto y, si están interesados, visiten la página web que les anoto a continuación, donde podrán ver las fotografías de su estado actual y la de las maquetas y recreación virtual del proyecto si se llevara a cabo como está. Dicha página, auspiciada por un grupo de ciudadanos muy preocupados por su ciudad, denominada: Plataforma S.O.S. Sitges, es:
Ya conocen mi opinión, expresada en otras ocasiones sobre temas parecidos; No tenemos derecho a destrozar, derrochar, el Patrimonio común que nos han dejado disfrutar temporalmente y que, tenemos la obligación de, "devolverlo" en mejor estado, si es posible, que cuando lo recibimos.
Como siempre, tengo la esperanza de que, entre todos, consigamos que se imponga el sentido común.
Un saludo.

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